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Mis películas imprescindibles · 133 títulos

Ficha técnica Nº 125

Un hombre con gabardina, de espaldas, contempla desde una azotea una megaciudad nocturna de rascacielos entre la niebla, con neones, pantallas luminosas y una calle abarrotada de luces a sus pies.

Blade Runner

Año
1982
Dirección
Ridley Scott
Duración
117 min

Sinopsis

En una Los Ángeles de 2019 saturada de lluvia y neón, el blade runner retirado Rick Deckard recibe el encargo de dar caza a cuatro replicantes Nexus-6 fugados de las colonias off-world. Cuanto más los persigue, menos nítida le resulta la frontera entre ellos y él.

Reseña

Blade Runner es, de nuevo, una de mis películas favoritas de todos los tiempos. Pocas veces la ciencia ficción ha servido tan bien a una pregunta tan sencilla y tan inquietante: ¿qué nos hace humanos, si ni siquiera podemos estar seguros de serlo nosotros mismos?

Porque eso es lo que me dejó loco la primera vez que la vi, y lo que sigue haciéndolo cada vez que vuelvo a ella: la idea de que los replicantes sean casi imposibles de distinguir de los humanos. No hay un detector que los delate a simple vista, ni una cicatriz ni un brillo metálico: solo un test de empatía, el Voight-Kampff, y unas preguntas sobre tortugas e insectos que apenas logran arrancarles una reacción distinta a la nuestra. Deckard caza a máquinas que sienten, que recuerdan, que tienen miedo a morir, y eso convierte cada cacería en algo mucho más incómodo que una simple persecución de ciencia ficción.

Y dentro de ese elenco de replicantes hay dos que no he podido olvidar. Daryl Hannah, como Pris, me flipó por esa mezcla imposible de ternura y seducción: la muñeca de feria que se queda quieta como un maniquí entre los trastos del taller de Sebastian, la acróbata que hace el pino sobre las manos, la misma criatura capaz de matar sin pestañear un instante después de haber parecido la más frágil e inofensiva de todos ellos.

Y, por supuesto, me enamoré un poco de Rutger Hauer. Su Roy Batty es el villano con más razón de todos los villanos: solo pide más tiempo de vida, los cuatro años que le han fabricado no le bastan, y es imposible no sentir la injusticia pura del momento de su muerte, ahí sentado bajo la lluvia, viendo cómo se le escapa lo poco que tuvo.

Y antes de morir pronuncia su monólogo de despedida, que es, sin duda, una de las frases que más huella me ha dejado de toda la historia del cine:

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

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