Ficha técnica Nº 126

Alien, el octavo pasajero
Alien
- Año
- 1979
- Dirección
- Ridley Scott
- Reparto
- Sigourney Weaver, Tom Skerritt, Veronica Cartwright, Harry Dean Stanton, John Hurt, Ian Holm, Yaphet Kotto
- Países
- Estados Unidos, Reino Unido
- Duración
- 117 min
- Géneros
- Ciencia ficciónTerror
Sinopsis
La tripulación de carga del Nostromo responde a una señal de socorro procedente de un planetoide desconocido y desvía su rumbo para investigarla. Lo que sube a bordo con ellos resultará ser el pasajero más letal que haya viajado nunca en una nave.
Reseña
Alien, el octavo pasajero es, sin ningún género de duda, una de mis películas favoritas de todos los tiempos. Pocas veces una sola película ha definido tan bien, desde el primer fotograma, el tono de todo lo que vendría después: aquí nace, en 1979, un monstruo, una saga y una forma de entender el terror en el espacio que nadie ha superado del todo.
Curiosamente la vi después de su secuela. Cuando se estrenó yo era demasiado pequeño como para ir al cine a verla, así que mi primer contacto con la Nostromo llegó unos años más tarde de la mano de Aliens, el regreso: acción, marines y xenomorfos a docenas. Cuando por fin pude ver la original, me encontré con una película completamente distinta a la que esperaba. Donde recordaba ritmo y adrenalina, encontré silencio, pasillos estrechos y una tensión que tarda una hora larga en soltar a su criatura. Fue casi un choque, y por eso mismo una revelación: entendí que estaba viendo otra cosa.
Y eso es precisamente lo que más me fascina de ella: en el fondo, no es realmente una película de ciencia ficción. La nave de carga, los trajes, el hipersueño, el androide a bordo... toda esa parafernalia es solo el decorado, el vehículo que Ridley Scott utiliza para contar una historia de terror puro. La Nostromo no es una nave espacial, es una casa encantada flotando en el vacío: pasillos que gotean, luces de emergencia girando, una tripulación de obreros del espacio, cansados y gruñones, muy lejos de los héroes de la ciencia ficción de la época. Y como en toda buena casa encantada, no hay escapatoria posible, porque no hay ningún sitio al que huir: fuera solo está el vacío, y dentro, algo que ya ha aprendido a moverse por los conductos de ventilación mejor que ellos.
Y luego está esa escena. La criatura abriéndose paso desde el pecho de Kane, en plena cena de la tripulación, entre risas y normalidad, es uno de esos momentos de cine que, una vez vistos, ya no se pueden olvidar. No es solo el gore, ni el sobresalto: es la crueldad de ese contraste, la mesa compartida convertida en el escenario del horror más íntimo que se puede filmar. Quedó grabada en la retina para siempre, y con ella, el resto de la película, porque a partir de ese instante ya sabes que nadie, ni el espectador ni la tripulación, va a estar a salvo en ningún rincón de la nave.
Aparece en
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